La tierra es como un comal

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La tierra es como un comal
presentación del libro “de las huastecas”
Veracruz, 20 de noviembre de 2016

“Todo lo sólido se desvanece en el aire”

Salimos de la Ciudad de México un sábado hacia Pachuca para recoger los libros que se encontraban en la casa de Derechos Humanos (…), paquetes de seis libros para la los autores y juegos de libros separados entre el tomo I y el tomo II y aunque no coincidían en número salimos a recorrer la neblina después de enterarnos de una lucha que se está organizando en otra parte de Hidalgo para defender sus tierras.

Pedro iba con nosotras, él nos indicaba el camino y nos contaba que le parecía la nueva propuesta del CNI y del EZLN de proponer una nueva candidata, no le gustaba que ahora si se quiera el poder, tantos años insistiendo en que no lo queremos y ¿ahora siempre si?, mejor fue la explicación que dieron después que lo que se quiere es reforzar la organización nacional de los pueblos indígenas.
Nuestra citadina camioneta cruzó el Estado de México, Hidalgo, Puebla, llegamos a Veracruz a dormir no sin antes un café de olla con pan.
En caravana salimos de Huejutla hacia la comunidad, nuestra citadina camioneta no logró cruzar el río y rodeamos por la carretera más larga hasta llegar a la comunidad custodiada por ejidatarios, y mujeres lavando en el rio el maíz que comeríamos después del evento.
La banda de aire nos recibe al llegar a la plaza, carteles y mantas con consignas, con los rostros de los desaparecidos, de los muertos o mejor dicho de los caídos, con las banderas del Comité de Derechos Humanos de las Huastecas y Sierra Oriental y el rostro de Zapata en blanco y negro.
Una no entiende cómo llegó el socialismo a las huastecas o porqué se canta la primera internacional después de concluida la presentación del libro, el paisaje es muy alejado del socialismo de la Alemania de Marx, de las fábricas o de los proletarios que enarbolaron la hoz y el martillo, el paisaje es verde, de muchos verdes, de neblina y agua, mucha agua, una zona altamente productiva donde brota el petróleo de su suelo, plátano, naranja, maíz. Es una zona campesina donde las mujeres cocinan colectivamente en fogones comunitarios y comparten un caldo para festejar que hubo personas interesadas en escuchar su historia.
Y es ahí donde entra la historia, una que no enorgullece, una historia que dignificaron los campesinos y un socialismo en náhuatl.
Rafael Reygadas, uno de los coordinadores del proyecto de recolectar la “memoria de la lucha por la tierra y otros derechos”, cuenta que la gente que lee este libro se ha preguntado ¿dónde es que pasaba esto? ¿cómo no sabíamos? ¿es en serio que no se acabó con la Revolución esta casi esclavitud a los campesinos? (Siempre da un poco de vergüenza la ignorancia de nuestra propia historia y más si esa historia es de impunidad y abusos y muertes).
Caciques que controlaban a muchas comunidades indígenas, con engaños, con mentiras, a base de represión, con mujeres violadas en el mal llamado “derecho” de pernoctada, y endulzada/embrutecida con litros de aguardiente, y nadie se movía de ahí porque “si vas mas allá te caes, porque ahí termina la tierra”, la tierra era como un comal.
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Y entonces ya no es tan difícil entender que hay un discurso que les devuelve la dignidad pero sobre todo un práctica que les devuelve la humanidad robada, despojada, tal vez siempre estuvo presente la indignación pero una vez que se organizaron los pueblos recuperaron sus tierras y la siguen retomando en el hacer memoria de su lucha y ¿cómo no hacerlo? Si la amenaza persiste y nos la recuerda xxx en su silla de ruedas por lesiones de un ataque a balas por las que no puede mover sus piernas, y ¿cómo no hacerlo? Si la amenaza persiste ante empresas extractivistas que chorrean baba al ver tanta riqueza, y ante eso su lucha sigue: “Por Villa y por Zapata: ¡estamos presentes! ¡Zapatismo y socialismo: hasta la victoria siempre!”.
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“Todo lo sólido se desvanece en el aire; todo lo sagrado es profano, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas” Karl Marx

El libro relata de voz de sus actores el antes, durante y el después, una historia de degradaciones y de liberación, el libro es un esfuerzo de escucha que transmite dos sentimientos contrapuestos: enojo y admiración. Estando frente a la comunidad entendemos cuan importante es regresar a las comunidades su propia palabra ahora en tinta y papel, pues “acá no tenemos internet para bajarlo de la página de SEDEPAC”. Saben que la historia es suya y quien mejor que ellos para contarla “no es lo mismo relatar a nuestro pueblo oral, ya no se lo lleva el viento, especialmente a los jóvenes ahora les queda la memoria escrita”.

La publicación fue posible por quienes entrevistaron, por quienes hicieron la edición y por supuesto por quienes tercamente continúan luchando por su tierra y por otros derechos. Lo que van a encontrar en el libro es la palabra de campesinos que sobrevivieron, que lucharon por recuperar sus tierras. El libro es resultado del un esfuerzo que busca honrar sus historias, su voz y su memoria; no hay editoriales que quieran o puedan publicar la historia de la gente pero hubo otros y otras tercas que buscaron imprimirlo: Oxfam-México, Cencos, Sedepac, Red Unida, el INAH y el Centro de Estudios Ecuménicos.

Ya sin Pedro en nuestra citadina camioneta regresamos a Ciudad de México, ellos se quedaron celebrando, programando la siguiente presentación de un libro para que ellos mismos recuerden su propia historia, curioso, la edición está a punto de agotarse… síntoma que necesitábamos este libro. Lo que tienen esas 17 voces es la fuerza de la Historia, de la Historia larga de la tierra de la Huasteca y que resuena desde dentro para quien quiera retumbar sus propias tierras y escucharla.

Entrevista con Pedro Flores